jueves, 15 de septiembre de 2011

CUERNAVACA (QUAUHNAHUAC), DÍA DE DIFUNTOS 1938. BAJO EL VOLCÁN, MALCOLM LOWRY. COMENTARIO DE ALBERTO REBOLLO

Oscuro como la tumba donde yace mi amigo





Bajo el volcán es una obra excepcional y no precisamente por que sea una trágica historia de amor como tantas otras, sino por la forma en que ésta nos es transmitida. Desde que el lector empieza a adentrarse en la vida del Cónsul y en su sufrimiento, empieza a inmiscuirse en la nostalgia de aquella Quauhnáhuac, esa ciudad llena de fantasmas, barrancas, borracheras y alucinaciones, poblada de mitos, leyendas, números cabalísticos y símbolos diabólicos. A medida que la novela se va desarrollando esta va surtiendo efecto en el lector hasta que logra emborracharlo, sugestionarlo y hasta hacerle caer en el sufrimiento del Cónsul. En un excelente ejemplo de lo que Aristóteles llamaba la catarsis, vemos al Cónsul caer a la barranca asesinado por unos malditos fascistas de derecha mientras él intentaba hacer justicia al indio muerto. De verdad que no hay libro más mágico, romántico, alcohólico, fantástico… García Márquez mencionó que uno de los autores que más le había influenciado era Malcolm Lowry, de ahí que Gordon Bowker, biógrafo de Lowry, lo considere precursor del Realismo Mágico.


Pero bueno, siempre me he considerado una persona escéptica, sin embargo en el caso de Bajo el volcán y Malcolm Lowry, he pensado seriamente en cambiar de opinión porque las cosas que le sucedían a Lowry siempre parecían eventos fantásticos. Mencionaré sólo algunos ejemplos: 1.- Cuando empezaba a escribir su novela, Lowry pensó en llamar al Cónsul William Ericsson… pues resulta que en una ocasión, mientras vivía en Cuernavaca, un hombre de nombre William Ericsson murió asesinado a tiros en un pleito de cantina y arrojado a la barranca, tal como él había asesinado al William Ericsson de su novela. 2.- Mientras vivía en Vancouver, Canadá, su cabaña se incendió, y luego de intentar recoger sus manuscritos, sólo encontró algunos fragmentos de hojas chamuscadas en todas las cuales, curiosamente, se leía la palabra “fuego”. 3.- De vuelta en México para recorrer el escenario de su novela al lado de su segunda esposa Margerie Bonner, Lowry llega a rentar por pura casualidad precisamente el chalet que había utilizado de modelo para casa de M. Laruelle, y es ahí mismo, donde recibe la noticia de que Bajo el volcán sería publicada, y por si esto fuera poco, el mismo cartero que sirvió de modelo para el cartero de Bajo el volcán, fue el mismísimo cartero que le entregó la carta de aceptación. Así por el estilo, la vida y la obra de Lowry están plagadas de coincidencias y hechos curiosos que rayan en lo sobrenatural, incluso su muerte, un 27 de junio de 1957, a los 47 años, una coincidencia más de repetición de su número cabalístico, el número 7, curiosidades que él siempre consideró designios divinos.





El pasado 27 de junio se cumplieron 50 años de su muerte. Ocasión preciosa para compartir un trago con mi amigo Lowry. Viajé hasta su tumba en Ripe, East Sussex, Inglaterra, y le llevé una botella de mezcal, algunas cervezas, anís del mono y cigarros Alas. Al llegar al panteón sentí una gran emoción: era una tarde muy templada, limpia y un aire fresco se respiraba en el amiente. Una angosta carretera me llevó entre un paisaje campirano y tranquilo. Cuando estaba a punto de cruzar el umbral del panteón me embistió un macabro temor que sin embargo me invitaba a penetrar más allá, tuve la sensación de que estaba viviendo un sueño o una película. Una iglesia oscura y bastante fea parecía saludarme pálidamente. Llegué hasta su tumba y me coloqué a un lado de la lápida en una posición solemne. No sabía que hacer… ¡Había recorrido miles de kilómetros para llegar hasta ahí, pero no sabía que hacer…! En ese momento recordé la visita que Lowry le hizo a la tumba de su amigo mexicano Juan Fernando Márquez, quizá su mejor amigo, en la cual le había dirigido una oración. Opté entonces por hacer lo mismo y le recé un Padre Nuestro. Afortunadamente recordé más o menos bien como iba aquello y a continuación destapé una botella de mezcal Ultramarine que llevaba en mi mochila. Vertí una buena parte de él sobre la tumba y lápida y bebí algunos tragos, también vertí una cerveza oscura completa además de algunos sorbos de Anís del mono. De pronto noté que entre la maleza una placa había sido atada a la tumba con un alambre grueso, la inscripción parecía ser de barro con un colorido dibujo de los volcanes y decía “¿Le gusta este jardín que es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan!” Luego le agradecí habernos ofrecido su novela y le encendí un cigarro Alas que puse sobre la lápida y prendí uno para mí. Su cigarro comenzó a consumirse rápidamente, el viento empezó a soplar y permanecí observando como Lowry indudablemente fumaba alegre su cigarro. Una chica se acercó y me dijo sorprendida: “He is smoking it!” a lo cual respondí con naturalidad: “Of course, we are smoking…!” y el ritual parecía completo, cuando de pronto, una lluvia inglesa y tenue comenzó a caer desde el cielo y algunos relámpagos se escucharon a lo lejos. La gente me miraba con mucha admiración aunque no faltó quien preguntara que para que le hablaba si ya estaba muerto, los ingleses no entienden que los muertos no se van del todo, pero bueno, ¿cómo explicarles? En el lenguaje lowriano los truenos y la lluvia eran una clara señal de que estaba ahí con nosotros, compartiendo el mezcal con aquellos que hemos decidido seguir el camino trazado por él, nuestro querido San Malcolm de las cantinas.


¡Salud!

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